No existe el “Hágaselo usted mismo” jurídico

En Inglés se escribre DIY (Do it yourself) y es un término que está cobrando fuerza en esa nueva economía de los makers que profetiza (¿institucionaliza?) Chris Anderson y que abandera el hardware de impresoras 3D en los últimos tiempos (Con perdón de las manualidades que siempre han existido). En el ámbito del Derecho, y más concretamente en la Abogacía, se va introduciendo poco a poco la idea de que uno puede hacerse sus escritos jurídicos o que puede iniciar por su cuenta  y riesgo las primeras fases de un asunto (Procesos monitorios, reclamaciones extraprocesales, contratos sencillos…). En esta idea de que los legos en Derecho podrían unirse a la tendencia del “hacerérselo uno mismo” también hay un cierto debate, a veces un tanto interesado, que pretende querer ver en ello procesos disruptivos y modernidades de un futuro – presente en nuestra profesión.

Abogados mercantilistaLa experiencia de los Abogados nos dice lo siguiente: para ser justos, hay determinadas cosas que, a fuerza de repetición en el tráfico económico, llegan a estandarizarse o normalizarse. Algunos contratos de arrendamiento, sin ir más lejos, son como formularios y ciertas actas de junta de algunas sociedades (De cuentas anuales) podrían considerarse otro tanto. Haciendo un ejercicio de probabilidades (Lo que es un poco herético en nuestra profesión), podríamos asumir que hay escritos que se pueden estandarizar en un 90%. Vamos, que son un copia y pega vulgar de otros escritos precedentes. Ahora bien, el problema es la parte restante, ese otro 10% de detalles que deben personalizarse, analizarse, comprobarse; los que marcan la diferencia para no perder nuestros derechos; los que son o pueden ser la clave de futuros litigios o defensas.

Y ahí es donde el DIY hace aguas en nuestro ámbito. Porque ese 10% es muy complicado de adquirir navegando por Internet en busca de materiales gratuitos (Cosa totalmente legítima por otro lado) o comentarios de juristas. El no tener una visión lo más integral posible de un asunto puede ser enormemente problemático para el ciudadano y si a ello unimos otras ideas ya expresadas en el blog como la relevancia de las pruebas o que el alcance de las normas supera ampliamente su literalidad, lo que tenemos es que, al final, es casi imprescindible contar con un Abogado “por si acaso”. Los clientes tratan de ahorrar pero frecuentemente se perjudican al querer hacerlo así y les acaba saliendo más caro lo barato. Por ejemplo, vemos adaptaciones a la LOPD hechas por software de protección de datos personales que cubren una importante parte de las necesidades de la adecuación pero luego, a los consultores poco profesionales, por falta de experiencia y actualización, se les pasan importantes detalles de la actividad del cliente que son sancionables.

Recordemos, una llamada a tiempo ahorra muchos problemas y una pequeña consulta formal, muchos más.

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